Elige una adecuada maceta

Si la planta alcanza los 50 cm de altura, es recomendable usar una maceta de 30 cm de diámetro. Asimismo, si buscas que alcance el metro de altura, debes optar por trasplantarla a una maceta de al menos 50 cm de diámetro.

En cuanto al material, las macetas de plástico son ideales para aquellas plantas que necesitan un suelo húmedo. Por otro lado, si la planta necesita un suelo con mayor drenaje, la mejor opción será una maceta de arcilla o terracota. También asegúrate que tengan un orificio en la base para que drene el agua del riego.

La vegetación de las praderas


Las praderas, pampas, sabanas y estepas ocupan las regiones en las que la lluvia no alcanza para permitir el crecimiento de los bosques, pero es suficiente para el desarrollo de pastos y arbustos.

Las praderas naturales albergan grandes manadas de herbívoros, multitud de roedores, aves que comen semillas e insectos y carnívoros depredadores.

Cada especie de herbívoros que pasta tiene sus hierbas preferidas, de manera que existe un consumo equilibrado de las diversas plantas. Además, consumen los brotes de los arbustos, impidiendo que su multiplicación compita con el crecimiento de los pastos. Sus excrementos están continuamente abonando el terreno. Roedores, hormigas y otros animales excavan el suelo, contribuyendo a airearlo.

Al caer un rayo, pueden quemarse los brotes leñosos, pero las raíces, yemas y semillas permanecen a salvo bajo el suelo. Apenas aumenta la humedad, vuelven a crecer. Generalmente son fuegos rápidos, que abarcan poca superficie.

Pero cuando se provoca un incendio pensando en favorecer el crecimiento posterior de pastos tiernos para el ganado, puede disminuir la biodiversidad y la materia orgánica, que no se reintegra a la tierra porque se quema.

Si el ganado comienza a pastar antes de que la vegetación se recobre totalmente, se rompe el equilibrio ecológico. Los animales acaban poco a poco con los pastos que prefieren como alimento y aumentan los pastos malos, que no sirven como forraje. Además, con la quema se pierde gran parte de los nutrientes. Restan algunos elementos minerales en la ceniza, pero desaparece la materia orgánica.

Cuando se cría ganado, se lo hace pastar siempre en el mismo lugar (sobrepastoreo). Se escogen unas pocas especies (vacas, ovejas, cabras) que comen sólo determinadas hierbas, acabando con ellas. El pisoteo excesivo favorece la compactación del suelo, acelerando la desecación y la erosión.

Para evitar el sobrepastoreo, es necesario rotar las parcelas en las que se cría ganado. Así, se permite que el pasto y el suelo se recuperen antes de que los animales se introduzcan nuevamente.

En la actualidad, las grandes praderas naturales han sido reemplazadas por los cultivos, generalmente de cereales, y por la cría de ganado.

Los bosques

De los bosques se obtienen grandes beneficios, tanto directos como indirectos.

Entre los beneficios directos podemos mencionar la madera, frutos, resina, corcho, carbón, forraje, leña, medicinas, pastos.

Tanta importancia o más tienen los beneficios indirectos. Los bosques conservan la humedad, absorben energía del sol, fijan la tierra y dan albergue a gran variedad de vida silvestre.

Los bosques son importantes en la defensa del suelo contra la erosión: cuando se los tala, aumenta la evaporación del terreno, la infiltración y las escorrentías que arrastran nutrientes y partículas de suelo. La tierra transportada se sedimenta en los cauces de los ríos y lagos de las zonas más bajas, provocando inundaciones.

Las plantas y el suelo del bosque (rico en materia orgánica) absorben la humedad y la liberan lentamente.

El suelo sin árboles refleja más el calor del sol. El polvo atmosférico producido por la acción del viento sobre el suelo desnudo intercepta el paso de parte de las radiaciones solares. El aumento del dióxido de carbono que se libera cuando se queman los bosques retiene el calor.

Estos efectos se combinan cuando el bosque desaparece y se producen variaciones en la temperatura y humedad que originan cambios acentuados en el microclima.

En los bosques viven más especies de plantas y animales que en todos los demás ecosistemas juntos. Dentro de ellos, existen diferentes zonas en las que cambia la humedad, la temperatura, la luz que llega y el efecto del viento. Gran variedad de organismos se han adaptado a cada una de estas condiciones particulares.

Con la energía del sol, las plantas producen sustancias orgánicas que son la base de la cadena alimentaria de todos los animales. Al mismo tiempo, liberan el oxígeno que todos los seres vivos necesitan para respirar .

Bosques de zonas templadas y frías

Los bosques dependen de las condiciones de temperatura y humedad de cada región. En las zonas templadas, la temperatura y las lluvias varían con las estaciones del año.

Los bosques que viven en tierras muy distantes del ecuador o a gran altura sobre el nivel del mar están adaptados a muchos meses de frío y nieve. Predominan las coníferas, como los pinos, abetos y alerces, cuya madera se utiliza para la construcción y para hacer papel.

En otros climas más templados, los inviernos son más cortos y suaves. Generalmente las lluvias caen durante todo el año, aunque predominen en determinadas estaciones. Aquí crecen árboles que pierden las hojas con el frío. Gran parte de estos bosques han sido talados y quemados para obtener tierras para cultivar.

Bosques tropicales

Existe una amplia variedad de bosques tropicales, favorecidos por el clima cálido.

Cuando las lluvias son abundantes, la vegetación está siempre en continuo crecimiento. Una amplia diversidad de especies vegetales y animales conviven en los bosques tropicales lluviosos, como las selvas y junglas. Los árboles son de hojas perennes y abundan las enredaderas y helechos. Muchas especies tienen maderas valiosas que se utilizan para la carpintería fina.

La mayor superficie de este tipo de bosque se encuentra en la cuenca del río Amazonas.

El suelo es poco profundo y pobre en nutrientes, porque los nutrientes liberados por la descomposición de los residuos orgánicos son absorbidos rápidamente. Los utilizan las plantas para permitir su crecimiento constante. La actividad biológica de este tipo de bosque se basa en un reciclado rápido de la materia orgánica, favorecido por la abundancia de microorganismos que se multiplican por la humedad y el calor.

Debido a esta característica del suelo, si se talan los árboles para permitir la agricultura, los rendimientos de las cosechas caen en pocos años. La tierra se erosiona o se forma una costra dura y estéril.

Cuando las lluvias son menos abundantes, progresan los bosques húmedos de hojas caducas, con menor variedad de especies vegetales. Como en estas regiones las condiciones climáticas son muy favorables para la vida humana, la deforestación ha avanzado más que en los bosques lluviosos.

En zonas secas y calientes, crecen bosques tropicales secos, poco densos, de lento desarrollo y adaptados a la sequía. La población depende de ellos para la obtención de leña, madera para la construcción y para el pastoreo del ganado.

Durante la época seca, la actividad biológica de la vegetación se reduce al mínimo. La multiplicación de las plantas depende sobre todo de los animales que se alimentan de sus frutos y expulsan las semillas con sus excrementos. Cuando llueve, las semillas germinan con rapidez.

La influencia del bosque

Los bosques tienen influencia sobre el clima y el suelo.

El microclima de una zona boscosa es modificado a través de varios factores:

La radiación solar: en los bosques tropicales húmedos, la densidad de la cubierta vegetal reduce el paso de la luz y el calor. En los bosques fríos este efecto es menor. La vegetación es más abierta y el suelo recibe mejor las radiaciones del sol.

La disminución de las temperaturas máximas en verano y el aumento de las temperaturas mínimas en invierno: la cubierta vegetal intercepta el paso de los rayos solares, atenúa la fuerza del viento y retarda la irradiación del calor del suelo. La transpiración de las plantas también resta calor al medio.

El bosque reduce la fuerza del viento y, por lo tanto, disminuye la evaporación (y su efecto desecador) debida a los vientos secos.

La humedad aumenta dentro del bosque, por efecto de la pérdida de agua por transpiración.

La superficie de las hojas permite la condensación de los vientos húmedos. En el caso de neblina, las gotitas son interceptadas por el follaje de las copas y se escurren hacia abajo. El agua que resbala lentamente por los troncos es retenida por la capa de materia orgánica que se acumula en el suelo. A su vez, el follaje intercepta una parte de las lluvias, que se evapora directamente desde las copas.

El bosque influye sobre el suelo protegiéndolo de la erosión. Atenúa los efectos de la lluvia porque impide que caiga con fuerza sobre el suelo y favorece la absorción con la materia orgánica acumulada. El suelo del bosque capta el agua como una esponja y la entrega lentamente a las vertientes.

Asimismo, las copas de los árboles frenan la velocidad del viento, otro agente de erosión. La red formada por las raíces sujeta el suelo impidiendo su arrastre.

Repercute también sobre la temperatura del suelo. En parte por la sombra que proyectan las copas y en parte por la capacidad aislante de la hojarasca.

También la presencia de árboles influye en los linderos. Las cortinas rompevientos reducen la velocidad del viento, protegiendo flores y frutos de los sembrados.

La disminución de los bosques

En los bosques se producen, en forma natural, algunas perturbaciones. Por ejemplo, incendios originados por los rayos. El fuego, cuando abarca zonas reducidas, puede estimular la regeneración de otras especies. La caída de los árboles permite que llegue más luz al suelo y deja sitio a hierbas y arbustos que la necesitan. En ellos se instalan diferentes insectos y otros animales. El fuego, además, consume ramas y troncos que no han sido descompuestos por los microorganismos. Así, se producen cenizas que reintegran al suelo algunos minerales.

Una situación totalmente opuesta y grave es la rápida y completa destrucción de un bosque. Representa un desastre ambiental y la desaparición irrevocable de especies animales y vegetales.

Cada año, alrededor de 17 millones de hectáreas de bosques son eliminados. Y los seres humanos somos los causantes de esta aterradora pérdida. Las causas principales son:

Demanda de nuevas tierras para cultivar o criar ganado y así abastecer a una población siempre creciente. Para reemplazar el suelo agotado por su utilización intensiva, se queman o talan bosques centenarios.

Demanda de madera para uso industrial y de leña para combustible: la escasez de leña aumenta año a año, obligando a la población rural a usar cada vez más tiempo en recolectarla. Otras veces se reemplaza la leña quemando residuos de las cosechas o estiércol, en vez de devolverlos al campo. Así se priva a la tierra de abono natural, disminuyendo la producción de alimentos.

Contaminación del agua de los ríos que atraviesan los bosques con residuos de minas e industrias. Humos de algunas fábricas que ensucian la atmósfera y contaminan las lluvias, dañando la vegetación.

El uso del terreno para la agricultura no equivale necesariamente a la destrucción total del bosque. Si una superficie se tala dejando algunos árboles, se cultiva durante pocos años y después se dejan las tierra en barbecho, el bosque se vuelve a reproducir.

Asimismo, puede usarse el suelo para cultivarlo por mucho tiempo si se manejan los recursos naturales en forma sostenible, con el aporte de materia orgánica, rotación o asociación de cultivos y protección contra la erosión.

El problema comienza cuando la población aumenta y ya no hay tierras suficientes para rotarlas ni se usan otras técnicas de la agricultura sostenible. No se dejan los terrenos en barbecho para que se restaure naturalmente su fertilidad ni se les incorpora abonos orgánicos. Así, el suelo se degrada y las cosechas son cada año más pobres. Finalmente, la tierra erosionada y sin nutrientes es abandonada y se cubre de malezas.

La explotación del bosque, si es realizada en forma inadecuada, puede degradarlo gravemente. Esto sucede cuando se talan bosques que cubren laderas de fuerte pendiente o cuando los caminos de acceso están mal hechos.

La pérdida de los bosques causa el aumento de la erosión, inundaciones y sequías, con sus graves consecuencias: desertización, pobreza, hambre, migración de la población campesina.

La deforestación en los países tropicales se ha acelerado en los últimos años, con pérdidas anuales de diez millones de hectáreas. Ha aumentado el consumo de madera, especialmente de maderas duras de especies exóticas, de lento crecimiento y de gran valor comercial. Además, se practica a gran escala la tala o quema de los bosques para obtener tierras de cultivo, que luego no se protegen de la erosión y pérdida de nutrientes. Estas tierras son abandonadas después de pocas cosechas porque han agotado su fertilidad.

La repoblación forestal

La propuesta adecuada no es salvar los bosques sin tocarlos, sino asegurar que se utilicen como un recurso renovable. Así se conseguirá el suministro continuo de los productos que el bosque nos brinda y la conservación del suelo, el clima, el agua y los animales silvestres.

En lo posible, los terrenos de pendiente acentuada no deben ser dedicados al cultivo. Si ya tienen árboles, deben conservarse porque evitan la erosión que se produce por acción de la lluvia y el viento en las laderas no protegidas. Si los árboles se han perdido, deben plantarse, recordando la importancia de intercalar especies nativas.

Antes de plantarlos, hay que preparar el terreno donde hemos de poner los árboles construyendo bancales y senderos forestales. Estos facilitan las tareas de reforestación y más adelante ayudarán a la conservación y explotación del bosque.

La repoblación forestal suele hacerse plantando un solo tipo de árboles, generalmente una especie no nativa (pino y eucaliptos) porque se busca el rápido crecimiento. Esta uniformidad no es conveniente, porque reduce la diversidad de animales que el bosque puede albergar. Además, al pertenecer todas las plantas a una misma especie, son más vulnerables a las plagas y enfermedades.

El bosque mixto, además, permite la obtención de una mayor variedad de productos, que están disponibles en distintos momentos de su desarrollo.

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